miércoles, 24 de febrero de 2010

1.

Esa noche el parque estaba casi vacío, a excepción de la gente que salía y enraba al bar.
La temperatura era perfecta y la luna llena resplandecía en el cielo. Miles de estrellas daban vida al pequeño pueblo que se encontraba a sus pies, iluminando, con ayuda de la luna, todas las pequeñas calles que se encontraban debajo. Dando vida a un viejo parque cuyas farolas estaban todas fundidas.
En ese momento una chica salía del bar, y sonrío al mirar al cielo, sorprendida por su belleza. Tendría unos 23 años, alta y delgada. Dos largos tirabuzones oscuros enmarcaban su rostro alargado, y el resto de su pelo estaba cogido en una coleta alta. Bajo su flequillo recto, dos pequeños ojos castaños iluminan su rostro, dos ojos llenos de luz. Unos ojos que mostraban, quizás, alegría por haber terminado sus estudios, o satisfacción por haber encontrado un trabajo. Quizás mostraban amor o simpatía por sus amigos. O quizás mostraban algo más.
Vestía unos cortos pantalones negros, una ligera camiseta azul y zapatillas de deporte. En su espalda, metida dentro de su funda, está su guitarra eléctrica. Con un pequeño altavoz en una mano y una maraña de cables en la otra, avanza con paso firme y decidido hacia el interior del parque, donde la única iluminación es la tenue luz de la luna. Ella se sienta en un banco solitario, dejando la guitarra y demás cosas a su lado, y dejando un espacio libre a su otro lado.
Alguien más entra entonces a ese lugar del parque. Un chico alto. Con el cabello negro como la noche, al igual que sus ojos. Su piel es morena, y parece envuelto por un halo de misterio y belleza.
La chica se vuelve y su sonrisa se hace aún más amplia. Él se sienta a su lado y sonríe también.
- Hola, Sarah- dice mientras se acerca lentamente a ella para besarla, con cariño-.
- Sabía que vendrías hoy- dice Sarah, separándose de él levemente-. Te he echado tanto de menos que ni te lo imaginas.
Él se acerca y vuelve a besarla, pero esta vez el beso no es tan suave como entes.
- También yo te he echado de menos.
Ambos se fundieron en un cálido abrazo, recordando su primer encuentro, en los baños de un centro comercial. Kesh debía acabar con Sarah, pero no pudo hacerlo, y a partir de entonces quedaron enamorados el uno del otro. Kesh dejó a los Rakseine para irse con ella, y mató a una de sus antiguas jefas para salvar la vida de Sarah y sus amigos. Todos viajaron juntos a Eldun para devolver el Poder de la piedra de Thalis, y, tras entrevistarse con la reina Nélyan esta les dio las gracias y les propuso quedarse a vivir allí, como los héroes que salvaron Eldun. Pero denegaron la propuesta pidiendo a la reina volver a la Tierra, ya que había sido su planeta de toda la vida. Y esta acepto, haciéndoles prometer que volverían de vez en cuando.
Una vez volvieron a la Tierra, Sarah contó a todos que estaba enamorada de Kesh, y si no lo aceptaban a él, ella se iría. Kesh no siempre vivía con ellos, pues tenía un pequeño piso en París. Pero si algunas temporadas, una semana o dos como mucho, ya que Shey y Rue sí que lo aceptaban como una más, pero Criss no se fiaba de él ni un pelo, y hacía todo lo posible para que Kesh lo supiera, a pesar de que este se mostraba impasible y frío con todo el mundo. Excepto con Sarah, y quizás con Rue. Pero él y Criss no se tragaban.
Dos años después, a nadie le impresionaba ya que un día Kesh estuviese en la casa, y al siguiente no. O que Sarah no volviese a casa una noche.

2 comentarios:

  1. Oh gracias por escribir esto! ya me conoces demasiado bien... Me encantan las pastelosidades! jaja. Habla bien de mi a tus amigos cultos.
    Cuenta conmigo para lo que quieras y no cambies!
    Te quiere, Lilauzer. =)

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