jueves, 1 de julio de 2010

13.

-Es asombroso lo que nos parecemos, ¿A qué sí, hermanito?
Kesh deja ver una expresión de odio en su rostro al ver a Keyla sentada en una de las sillas.
- No hace falta que hagas nada, no tengo intención de hacerte daño- dice dibujando una fugaz sonrisa en su joven rostro-, aún.
- ¿Qué quieres?- dice Kesh, desafiando a Keyla, sin dejar que su voz tiemble un ápice a pesar de lo incómodo que se siente en aquella situación-.
- Quiero que me cuentes tus planes, discúlpame, pero no los entiendo. ¿De parte de quién estas, Kesh?
- ¿Y tú, Keyla, de parte de quién estás?
- No me enfades y contéstame, Kesh.
- No tengo porqué. He llegado a la conclusión de que aparentas más de lo que eres. Tan solo eres una niña que juega a ser una Diosa, y bien sabes que no es así, tendrás sangre de todas las razas y todo lo que tú quieras, pero eres maga y telépata, como yo. No somos tan diferentes, no eres tan genial, siento decírtelo, Sarah me respondió a una pregunta que jamás me había planteado, tú no eres más que una mestiza entrenada, como el resto de habitantes de Dekú.
Por los ojos de Keyla pasa una leve sombra de sorpresa y odio, pero lo sustituye rápidamente por una levísima sonrisa.
- ¿Sabes cuál es la diferencia?, que como tu bien has dicho yo estoy entrenada, y ellos, no. Por lo que no te desvíes del tema y contesta a mi pregunta o me obligarás a investigarte y es algo de lo que no tengo muchas ganas. Porque utilizaré a la médium para ello, y eso sí que no te va a gustar.
- Sabes, si Sarah y tú os enfrentaseis, que doy por supuesto que va a ser así, ya que yo no te voy a decir mis planes y ella no va a dejar que la utilices sin presentar batalla, no estoy seguro de cuál sería el resultado. Ella tiene más Poder que tú, porque es única, lo que pasa es que no sabe usarlo.
- Exactamente por eso es por lo que quiero acabar con ella.
- ¿Quieres todo para ti sola, no?
- Es ley de vida, las razas inteligentes tenemos la fea costumbre de querer ser los mejores en todo, el egoísmo nos reconcome. Siento decirte que no era mi intención matarte a tí, Kesh. No pienses que eres el centro del mundo.
- Lo sé, sé desde un principio que tu intención es matarla a ella. Pero ahora yo la protejo, y tendrás que pasar por encima de mi cadáver.
- Espera ahora lo entiendo todo, has dejado a las claras de qué lado estás.
- Contaba con que te dieses cuenta tarde o temprano.
- Aún tengo otra pregunta.
- No te cortes- dice Kesh de forma sarcástica-.
- ¿Para qué la vas a usar tú?
Kesh le esboza a Keyla una de sus encantadoras sonrisas y ella enarca una de sus cejas.
- Eso, sí que no te lo voy a decir.
- Como quieras- dice Keyla a la vez que a la velocidad de la luz se teletransporta junto al cuerpo de Krystal.
Kesh se queda sólo en la habitación y entrecierra los ojos, sopesando opciones.

martes, 29 de junio de 2010

12.

- Vale…bueno, me voy. Volveré luego.
Kesh se despide de ella y abre la puerta que da a la calle, una vez que Sarah ha salido, despierta a Krystal, que se muestra muy alterada.
Kesh creía que había borrado de su mente los recuerdos de la comida, pero al parecer no.
- ¿Qué me has hecho?¡Suéltame!- dice Krystal pataleando e intentando zafarse de Kesh- ¡SUÉLTAME¡
Kesh se cansa de los intentos de huida de Krystal, por lo que la coge bruscamente del cuello y la pega contra la pared, cogiendo sus muñecas con la otra mano, inmovilizándola.
- Vale, ahora te vas a estar callada, sin moverte, porque sino…-dice mientras la aprieta más contra la pared y un hueso de la mano de la chica cruje peligrosamente- ¿Entendido?
Krystal asiente con los ojos muy abiertos y Kesh sonríe de una forma encantadora, imaginando que no es Krystal sino Keyla a quien tiene aprisionada contra la pared.
Suelta a Krystal lentamente, comprobando que no va a intentar huir.
- Perfecto, vamos a sentarnos, seguro que así estás más cómoda-.
Krystal baja la cabeza y se sienta en el sofá, incapaz de desobedecer las órdenes de Kesh.
Kesh se sienta a su lado y toma una mano de ella entre las suyas, ya que con el contacto físico es mucho más fácil adentrarse en mentes ajenas.
Lee la mente de Krystal como un libro abierto, comprobando todos los momentos de sus últimos años, minuto por minuto. Parece que la chica no ha tenido ningún encuentro con Keyla, Kesh va a dejarla cuando llega a los momentos de hacía un rato, en la comida, pero se queda ahí parado, repitiendo una y otra vez un momento en el que Krystal se quedó mirando al ventanal del restaurante, convencida de que había alguien idéntica a ella al otro lado. Kesh ve a través de la mente de Krystal como Keyla expresa incredulidad al ver a alguien idéntica a ella, y como después sonríe y se va, dejando a Krystal con el convencimiento que era su reflejo. Kesh sale apresuradamente de la mente de Krystal y acto seguido se levanta corriendo.
- Mierda…- masculla mientras sale corriendo al balcón a reforzar la magia de la casa-.
Ya un poco más tranquilo entra al salón.


Sarah avanza lentamente por las soleadas calles de París, llenas de gente, pero la gente está demasiado ocupada para detenerse a mirar la cara impasible e inhumana de la persona a la que acompaña Sarah. Al principio pensaba que Rue (o Dianne) pesaba menos de lo que ella había imaginado, pero tras ir soportando su peso un buen rato decide sentarse en un banco libre que hay al lado del escaparate de una tienda. Cuando lleva un rato sentada y se dispone a levantarse Sarah empieza a marearse y a caer en un abismo negro, intenta nadar hacia arriba en el eterno abismo, intentando huir de la visión, pero acaba por caer en el trance.

miércoles, 16 de junio de 2010

11

Krystal gira la cabeza hacia el ventanal del restaurante y desvía la vista, pero se ve obligada a mirar otra vez. Keyla y Krystal cruzan una mirada, al principio Krystal cree que se trata de su reflejo, pero no son iguales, hay algo diferente en los ojos de su reflejo…
Kesh gira la cabeza, ya que la francesa se ha quedado mirando al ventanal y no le presta atención.
- ¿Krystal?
- ¡Ay! Lo siento, es que… me he distraído. Vamos, sí.
Los cuatro salen del restaurante, Kesh y Sarah van delante y las desconocidas, detrás. Sarah le da un discreto codazo a Kesh, que gira su cabeza hacia ella, Sarah se rasca la frente y mira hacia atrás por el rabillo del ojo, como ve que ninguna de las dos está pendiente de ellos, se señala la frente con ahínco. Kesh comprende a la perfección el gesto de ella y abre un canal de su mente hacia Sarah para la conversación telepática.
>> ¿Qué haces? <<- le pregunta Sarah-.
>> Necesito hacer un conjuro de rastreo con ella, si Keyla la ve…estamos perdidos<<
Sarah frunce el ceño.
>> ¿Por qué? <<
>> Porque la matará y tomará su vida, ¿Entiendes? Se hará pasar por ella, y no necesitará ni camuflaje, ni DNI, ni una casa, porque ya lo tendrá todo. Todo le resultará mucho más fácil, y no necesitará espiarme desde las sombras. Pero lo peor, es que ella hará todo esto mucho mejor, porque si la ve y ve en sus recuerdos que ella ha estado hablando con nosotros, sabrá que yo sé lo que va a hacer<<
>> ¿Sugieres hacer un conjuro para poder introducirte en la mente de la francesa cuando quieras?<<
>> Sí, y averiguar más cosas de ella, a ver si Keyla la ha visto<<
Sarah asiente, dando por finalizada la conversación.

Kesh y Sarah acompañan a las francesas al apartamento y una vez están dentro, Kesh cierra la puerta.
Las chicas se quedan mirando el piso con curiosidad, Krystal se gira hacia Kesh.
- ¿Esto es tu exposición?- dice enarcando una ceja- Más bien parece un apartamento.
- Oh, lo sé.
Después de decir esto Kesh se acerca a Krystal y la coge por la nuca. Sarah piensa que la va a besar, ya que el gesto es el mismo, pero Kesh se limita a mantener el contacto con los ojos de Krystal, que al poco rato cae inerte al suelo.
Dianne ahoga un grito y mira a Kesh con los ojos muy abiertos, hace ademán de correr hasta la puerta, pero Kesh la coge del brazo y hace con ella lo mismo que ha hecho con Krystal.
- ¿Qué has hecho?
- Tranquila sólo están dormidas, para cuando despierten no recordaran nada. Voy a llevar a esta a su casa- dice señalando a Dianne- a Krystal aún la necesito, no he examinado su mente aún.
Sarah asiente lentamente, sin comprender mucho.
- ¿Cómo has sabido dónde vive?
- Lo he leído en su mente, Sarah.
- Es verdad…, lo siento es que no entiendo muy bien eso de la telepatía.
Kesh le sonríe brevemente y vuelve la cabeza hacia las chicas que están en el suelo.
- ¿Oye la puedes llevar a su casa tú? Es que Krystal va a despertar y me gustaría hacer esto a solas, no te ofendas pero necesito concentración y…
- Tranquilo, te entiendo, no tienes por que darme explicaciones. Solo dime donde puedo encontrar su casa y como la llevo hasta allí.
- Veamos, coge sus llaves, están en el bolsillo de su chaqueta. La voy a despertar, pero no estará consciente en realidad, a los ojos de los demás sí. Tú cógela por la cintura y anda con ella. Vamos a probar.
Sarah asiente y coge las llaves del bolsillo de la chaqueta de la chica. Kesh la levanta y la tumba en el sofá, pasa su mano izquierda por la cara de la chica y esta abre los ojos, que no muestran ninguna expresión ni sentimiento. Kesh la coge por el brazo y la ayuda a levantarse, Sarah los mira, arrugando la nariz, la chica parece un robot.
- Vale, cógela por aquí- dice poniendo la mano de Sarah en la cintura de la francesa.
Sarah la coge e intenta caminar con ella. Se sorprende al ver que la chica hace todos los movimientos que Sarah le indica y pesa menos de lo que imaginaba.
- Y digo yo una cosa, ¿Qué pasa si la reconocen?
Kesh frunce levemente el ceño, dejando ver a las claras que no había pensado en eso. Después pronuncia el hechizo y la desconocida se transforma rápidamente en Rue.
Sarah abre la boca y lanza una exclamación ahogada.
- ¿Tenías que transformarla en mi hermana?
- Lo siento, es la única mujer que recordaba con total claridad.
- Vale…bueno, me voy. Volveré luego.

jueves, 10 de junio de 2010

10.

- Kesh- dice en un susurro- Mira, es Keyla.

Al escuchar el nombre de Keyla Kesh se enerva y mira precipitadamente hacia la mesa que Sarah señala. Duda un momento de si es o no su hermana. Por una parte es idéntica a ella, el mismo pelo, los mismos rasgos, el mismo cuerpo. Pero por otro lado, sus ojos no son iguales, sí son azul cielo como los de Keyla pero no irradian ese temor y esa superioridad. Son los ojos azules de una humana cualquiera y fijándose bien esa chica no está envuelta por esa aura de misterio de sensualidad que envuelve a Keyla y sus gestos son diferentes, no tan precisos ni tan directos, sino más torpes y humanos.

Sarah también se da cuenta de estos pequeños detalles y sospecha que esa chica no es Keyla

- Desde luego si es Keyla se ha escondido demasiado bien…- Kesh se concentra e intenta leer la mente de la chica- No es ella. Se llama Krystal, nació aquí, licenciada en bellas artes, 23 años. Se puede decir que es una persona normal- Kesh se concentra de nuevo para intentar llegar más al fondo de la mente de la joven, pero es difícil sin el contacto visual, si aquella era Keyla, se había escondido demasiado bien. En aquel momento la chica gira la cabeza hacia Kesh y tras el contacto visual entre ambos Kesh está seguro de que aquella no es Keyla- Definitivamente no es ella, sus ojos son del mismo color, pero son los de una humana, por mucho que Keyla se haya esforzado en ocultar el poder de su mirada no hubiese podido hacerlo son tanto éxito, ni haber inventado una vida entera, con todos los recuerdos de alguien que no es.

Sarah se la queda mirando, el parecido entre ambas era asombroso.

- ¿Estás seguro de que no es ella?

- Sí, pero me acercaré si así te quedas más tranquila.

Kesh se levanta de la silla y se aproxima a la mesa donde está la chica que se parece a Keyla junto a otra joven, comiendo.

- Pardon- dice Kesh en un perfecto francés- Vous parlez l´espagnol?

- Sí- dice la chica que se parece a Keyla- ¿Qué sucede?

- Perdone señorita pero mi compañera y yo somos dueños de una pequeña sala de exposiciones de arte moderno situada unas calles cerca de aquí, me gustaría exponer alguna de sus obras.

La chica se queda quieta y parpadea.

- ¿Cómo sabes que yo hago obras de arte moderno?

- ¿Krystal Blanchott?

- Sí, ¿Perdona, te conozco?

- No- dice Kesh con su espectacular y turbadora sonrisa- Lo siento señorita, no me ha dado tiempo a presentarme, Tom Martínez. La conozco porque he visto obras suyas en Internet. Sería un placer para mí que después de comer me acompañara a la exposición.

La chica se queda sin palabras, asimilando la información. Acababa de terminar sus estudios y no esperaba ser reconocida tan pronto, por otro lado cuanto antes empezara, mejor.

- Por supuesto, nosotras hemos acabado de comer. Si no les importa, me gustaría que mi amiga me acompañase.

- En absoluto. Vamos ya, nosotros comeremos luego.

>>Sarah levántate cuando yo te lo diga, nos vamos a casa. Les he dicho que tenemos una exposición de arte, tú sígueme la corriente<<

Sarah menea la cabeza, no está muy acostumbrada a recibir mensajes telepáticos de Kesh.

- Muy bien, pues vamos.- dice Kesh, las dos se levantan-.

- Esta es Dianne, también habla español.

Kesh le sonríe, lo que hace que la tal Dianne se sonroje hasta los huesos y que Sarah alce una ceja en un profundo gesto de disgusto.

- Esta es Sarah- dice Kesh cuando se acercan a la mesa-.

Keyla camina por las calles del centro de París, llenas de gente, gente agobiada, impaciente. Ella no es así, camina tranquilamente, segura de sí misma bajo su camuflaje, que ha hecho que sus puntiagudas orejas no se vean y sus ojos no irradien tanto Poder. Pasa por delante de varios restaurantes, sabe que la médium está en uno de ellos, pues la lleva detectando desde hace un buen rato. No detecta a Kesh, en cambio, por lo que sospecha que él sabe que ella volvería a París. Keyla detecta más próxima la mente de la médium por lo que bloquea la suya para que Kesh no la detecte. Gira la cabeza para mirar por el gran ventanal de uno de los restaurantes y ve a la médium, a Kesh y…

Keyla se queda quieta y se obliga a ella misma a permanecer tranquila, junto a Kesh hay dos chicas, y una de ellas, la de menor estatura es igual a Keyla, exactamente el mismo pelo, los mismos rasgos,… idéntica.

Keyla entra en la mente de la chica.

>>Krystal<<

domingo, 16 de mayo de 2010

9.

Kesh rodeaba a Sarah entre sus brazos, esta tenía las mejillas ruborizadas y los ojos muy abiertos. Llevaban así, abrazados y en silencio, un buen rato. Ambos pensaban en lo que acababa de pasar entre ellos.

- Gracias- dijo Sarah, rompiendo por fin aquel incómodo silencio-.

- ¿Gracias?- dice Kesh, enarcando una ceja-.

- Sí. Después de la visita de Keyla y lo que me contaste sobre ella…, me puse un poco nerviosa y tensa. Gracias a ti eso ha desaparecido, ahora me siento mucho mejor, ya solo recuerdo su visita como un mal sueño.

Kesh se despereza y se levanta con esa agilidad tan propia de él.

- Para mí también ha estado bien…he de reconocer que estaba algo tenso, pero contigo se me olvidan todos los problemas.

Sarah cierra los ojos y sonríe, Kesh coge una manta que hay en el armario y la hecha por encima del cuerpo desnudo de Sarah, después vuelve a meterse en la cama y la coge por la espalda.

- Que mimada me tienes- dice Sarah con tono de burla-.

- Que va, mimada no, tan solo es que debo ser un buen anfitrión- dice apretando aún más sus brazos en torno a lo cintura de ella- no tienes ni idea de lo que te he echado de menos.

- Tú si que no tienes ni idea, he estado un mes entero pensando en ti, sin tener la menor idea de cuando volverías. Estuve veintiún años sin saber lo que era el amor, sin tener ni idea de lo que era no poder sacarte a alguien de la cabeza, estar pensando en alguien todo el rato es… irritante, pero a la vez es reconfortable saber que quizás esa persona está pensando en ti también. Hace veintiún años no entendía lo que era el amor, porque había gente que lo describía como lo mejor que le había pasado en la vida, en cambio otras personas lo describían como sufrimiento, se pasaban horas y horas llorando por amor. ¿Qué era entonces, algo bueno o un sufrimiento infinito?, no lo sabía. Pero cuando tú viniste y te vi, empecé a entenderlo, cada vez más. Ahora lo entiendo del todo. Y lo describiría como… felicidad. Es la palabra que más se acerca en mi caso.

- Yo tampoco lo sabía, jamás me entró en la cabeza como la gente podía poner en juego su propia vida por una persona, sabía lo que era una necesidad física, he pasado por ello algunas veces, pero jamás daría mi vida por esa persona, era absurdo. Pero cuando te conocí… todo lo veía desde un punto de vista diferente, eres la luz que ilumina una parte del mundo que nunca había visto, ahora gracias a ti lo veo todo de un modo diferente, y le doy muchas vueltas a cosas que antes tenía claras. Gracias, Sarah. Gracias a ti me he dado cuenta que yo tan solo era un peón en la guerra eterna de los Rakseine y su ansia de poder.

Sarah sonríe interiormente, no era normal en Kesh hablar sobre sus sentimientos, y las pocas veces que lo hacía Sarah quedaba como colgada en una nube de felicidad.

- ¿Qué te parece si te arreglas y te llevo a comer uno de los mejores restaurantes de París? – dice Kesh al oído de Sarah- Tengo entendido que te gusta salir a comer fuera.

- Me parece bien, aunque la hora que es… la una- dice mirando al despertador que hay encima de la mesita de noche- Los restaurantes estarán ya llenos.

- Que va, tú ponte guapa- dice levantándose de la cama- Va, levanta- Sarah se levanta lentamente y va a al baño-.

- Necesito ducharme antes, mira que pelos me has dejado- dice echándose las manos a la cabeza- tardaré poco.

- Vale, date prisa.

- Sí sí.

Sarah entra en el baño y cierra la puerta tras de sí. Kesh abre el armario y se pone unos elegantes pantalones negros y una camisa a rayas grises y negras, después va al salón y coge la guitarra que Sarah trajo consigo, la observa atentamente. Una Fender negra, la primera palabra que le viene a Kesh a ala cabeza: cara. Aquella guitarra le tenía que haber costado un ojo de la cara por lo que Kesh se dijo que no debía romperla. Sin conectarla al amplificador pone los dedos en los trastes, al azar y comienza a acariciar las cuerdas hasta ir descubriendo poco a poco el sonido de estas.

- ¿Qué haces, Kesh?, yo ya estoy.

Kesh alza la vista y la mira. Sarah se ha puesto un vestido corto y ha dejado suelto su pelo rizado, que le cae en hermosos tirabuzones hasta la mitad de la espalda.

- Estaba intentando saber como se toca esto- dice alzando la guitarra y sonriendo- Te queda bien el rojo, ¿Vamos?

- Vamos.

Llegan a un restaurante del centro de París a las dos de la tarde, por lo que el restaurante está lleno de gente, sobre todo turistas.

- Madre mía no vamos a comer ni mañana- dice Sarah-.

Kesh esboza su típica sonrisa torcida y dice:

- Tú espera y verás, te apuesto a que nos sentamos en la siguiente mesa que se vacíe.- Cuando el camarero pasa Kesh murmura algo en francés y el hombrecillo asiente rápidamente, Kesh guía a Sarah a la mesa que el camarero les señala con la mano, se sientan-.

- ¿Qué has hecho?-pregunta Sarah, incrédula-.

- Hacerle creer que habíamos reservado esta mesa.

- Que cruel eres.

- Que se le va ha hacer.

Sarah mueve la cabeza y comienza a observar el restaurante con curiosidad. Está muy decorado, lleno de fotos y cuadros. Sarah pasea la mirada por las mesas, pero se detiene en una. ¿Keyla?

miércoles, 21 de abril de 2010

8.

Sarah y Kesh aparecen en el pequeño apartamento de Kesh, a coger las pocas cosas que van a llevarse a Nueva York.
- Espera, ¿Tú estas seguro de que Keyla quiere matarnos?- dice Sarah-.
- Sí, sino no entiendo por qué ha venido, pero Keyla es retorcida, algo querrá saber si no me ha matado ya.
- Y…¿No hay alguna manera para que Keyla no pueda entrar a esta casa?
Kesh deja la maleta en el sofá, pensativo.
- Maneras de proteger una casa hay muchas, pero no se si resultarán efectivas contra Keyla.
- ¿Y por qué no intentarlo? Sea lo que sea lo que haya venido a buscar dudo mucho que lo haya encontrado en un solo día, en todo caso tendrá que volver. Si vuelve, entonces nos iremos. ¿Pero por qué no intentarlo?
Kesh se deja caer en el sofá, abatido. Y mira a Sarah, haciendo un brusco movimiento con la cabeza para apartar el flequillo de su rostro.
- Verás, Sarah. La cosa es que con Keyla no se intentan las cosas, o se hacen o no.
- - Bien. Pues ve haciendo un conjuro que proteja el apartamento, ya. Keyla no podrá entrar, estoy segura.
- ¿Segura?
- Sí, segurísima.
Kesh se levanta lentamente y sale al balcón. Sarah ve como el viento revuelve su cabello y sacude fuertemente sus ropas. Kesh se sitúa en el centro del balcón, de cara a la gran ciudad y alza una mano. Una bola de energía se va acumulando en torno a ella, y para cuando esta es lo suficientemente grande Kesh une las dos manos y pronuncia el conjuro. La bola sale directa hacia la casa. Sarah se tapa la cara con las manos instintivamente, pero las quita al ver que no ha pasado nada.
Kesh entra a la casa y cierra la puerta tras de sí.
- ¿Qué tal?
- Bien, pero me he quedado sin energía- dice Kesh, apoyándose en Sarah porque le fallan las piernas- No se tú, pero yo necesito dormir.
- Claro, yo también, son más de las cuatro de la mañana. Oye, ¿No te habrá visto nadie?
- Un jueves a las cuatro de la mañana, la gente que haya en la calle no creo que esté en su sano juicio, créeme.
Sarah asiente, esbozando una sonrisa cansada, y acompaña a Kesh hacia el dormitorio. Ambos se dejan caer en la cama, agotados.

Cuando Sarah se levanta ve que está sola en la cama, mira a su alrededor, pero Kesh no está allí. Suspira y se levanta de la cama, cambiando la camiseta y los pantalones cortos por una camisa roja de Kesh que hay a los pies de la cama. Al salir de la habitación ve a Kesh sentado en una silla, en el balcón. Sarah abre la puerta sigilosamente, pero el agudo oído de Kesh detecta hasta el más leve ruido y este gira la cabeza.
- Buenos días- le dice sonriente-¿Qué tal has dormido?
- Buenos días- contesta, sonriendo también y llevándose la mano a la cabeza para revolverse el pelo- He dormido bien, pero prefiero estar despierto- dice a la vez que se levanta y abraza al Sarah- cuando duermo no puedo estar contigo.
Kesh abraza a Sarah más fuerte, atrayéndola hacia sí, y comienza a besarla apasionadamente, comenzando por los labios y descendiendo hasta el la curva del cuello.
- Kesh…- dice Sarah, respirando entrecortadamente- vamos a entrar dentro, ¿te parece? La gente nos está observando.
Kesh se aparta un poco de ella, rozando su nariz con la de Sarah.
- Me importa más bien poco que nos estén mirando. Es culpa tuya, que lo sepas, son las consecuencias por ponerte solo esa camisa. Me provocas.
Sarah suelta una carcajada.
- ¿Y tú no me provocas a mí?
- No tanto, te lo aseguro.
- Ohhh yo creo que si. ¿Qué me dices cuando sales de la ducha, con tan solo la toalla?, ¿O cuando te tumbas en el sofá con las manos tras la cabeza…? Lo que pasa es que yo me controlo.
Kesh la coge en brazos y la lleva hasta el sofá, dejándola con delicadeza.
Sarah se acomoda en el sofá mientras Kesh cierra la ventana y vuelve a lanzarse sobre ella. Ella le desabrocha rápidamente los botones de la camisa y la tira a un lado.
- Lo siento. Yo, no puedo controlarme-susurra Kesh en su oído-.
Sarah sonríe, saca su camisa por encima de la cabeza y se la tira a Kesh, este se hecha hacia atrás y enarca una ceja. Sarah se levanta grácilmente del sofá y entra a la habitación, andando sobre la punta de sus pies.
- No se tú, pero yo considero el sofá…algo pequeño.
Kesh esboza su característica media sonrisa y salta del sofá, cerrando la puerta de la habitación tras de sí.




- Keyla, te lo hemos dicho mil veces. Tu obligación es obedecernos, si no lo haces, nos veremos obligados a matarte. Yo personalmente no quiero que eso suceda, eres demasiado valiosa y ahora que hemos conseguido por fin que la magia forme parte de ti eres más poderosa que nunca. Tenemos que matar a Kesh, él nos ha defraudado y como ya bien sabes, todo el que nos defrauda será castigado con la muerte. Incluido tu hermano, e incluida tú si nos desobedeces, Eldun está al alcance de nuestra mano, pero para poder entrar en combate es necesario que la médium y sus amigos estén muertos, son peligrosos, porque ya…
- Porque ya quedan menos magos en Eldun, y ellos son todos magos. No los subestimes…- repite Keyla meneando su cabeza y con los ojos en blanco, un gesto típico de ella de aburrimiento absoluto- Ya me has repetido esta charla más de seis veces, Gandor. Sé lo que tengo que hacer. Como tu bien me enseñaste, la paciencia es un gran don que pocos poseen, según tú uno de esos pocos eres tú. Pues aplícate el cuento y déjame en paz de una vez, sé perfectamente lo que tengo que hacer, no dudes de mí.
Con esto último Keyla se levanta del sofá del salón principal de los Rakseine (una sala grande y muy decorada, llena de cuadros y elegantes sillas y sofás donde los Rakseine llevaban a cabo todas las reuniones importantes) y se dispone a salir de la habitación, pero Gandor la coge del hombro.
- ¿Pero qué te has creído tú, niña? ¿Qué me puedes hablar de esa manera?
A tus superiores se les habla de usted, y siempre con profundo respeto…
- No me toques- dice Keyla, apartándose bruscamente de Gandor- yo te hablaré como me de la gana, tú no me das ordenes.
Y con esto último sale de la habitación, y de Eldun. Apareciendo en la estación de metro de un soleado y agobiante París.

viernes, 2 de abril de 2010

7.

-Ah, Keyla. Ya has vuelto.

Keyla pasa al lado de la humana, sin pronunciar palabra.

-Pensaba que tardarías más en volver.

Keyla se detiene y gira su menudo cuerpo.

- Me subestimas, Tessa.

Tessa inclina su cabeza.

Tessa es la hija de el orto jefe Rakseine, Gandor. Ella y Keyla han sido amigas desde la infancia, pero aunque Tessa crea que ella es igual que Keyla, esta la maneja como quiere. Tessa es humana prácticamente, tiene algo de sangre de hada, pero muy poca. Su piel es morena, y su pelo rubio y liso. Tessa tiene los ojos grandes y alargados como las hadas, pero los suyos son verde oscuro. Es dos cabezas más alta que Keyla y tiene cuerpo de bailarina. Pelea bien, pero no es maga.

- ¿Has acabado con Kesh?- dice Tessa, levantándose de la silla.

Keyla la mira a los ojos, enarcando una ceja. Leyendo a las claras en la mente de Tessa que a ella le entraba una angustia impresionante al sopesar siquiera la muerte Kesh.

Keyla sonríe levemente.

-No, Tessa. Ahora mismo no me conviene matarlo.

-Keyla, los señores te dieron orden de matarlo.

- Sinceramente, me da un poco igual las órdenes que me den o me dejen de dar.

Tessa abre los ojos de par en par.

-Keyla, ¿Cómo te atreves a decir eso? Nosotras debemos cumplir con lo que nos dicen los jefes, y sus órdenes han sido claras. Te dijeron que tenías que matarlo hoy.

-Se perfectamente lo que me dijeron, no soy imbécil. Pero por ahora, me interesa mantenerlo con vida- dice Keyla, con una sonrisa en su angelical rostro-.

-Pero, tu no puedes desobedecer las órdenes de…

-Tessa, cállate ya ¿Quieres? Tú eres la primera que quiere que no muera Kesh para volver a tirártelo. A mí, libertad total, ¿Recuerdas?

Tessa se ve obligada a desviar la vista, incapaz de sostener por un momento más la mirada de los azules ojos de Keyla.

-Recuerdo.

A la cabeza de Tessa vienen imágenes de un día que encontró a Keyla lejos de la fortaleza, sentada en el suelo y realizando algún extraño conjuro.


>> - Keyla. ¿Qué haces?

Keyla se levantó, rápida como un rayo, con sus ojos, habitualmente de un precioso azul cielo, rojos como la escarlata. Tessa abrió mucho los ojos, de puro terror.

-¿Keyla…?

- ¡Tessa! ¿Qué haces aquí?

Keyla se acercó a Tessa, cogiéndola por su perfecto cuello y apretando, dejándola poco a poco sin respiración. Tessa manoteaba inútilmente, balbuceando que la soltase.

-Tessa, tú debes dejarme en paz. Si quieres seguir con vida, no tienes que estar siempre encima de mí. ¡Pasa de mí de una vez Tessa! No eres mi sombra, no intentes serlo. ¿Entiendes?

Tessa asintió apresuradamente, y la mano de Keyla entorno a su cuello se aflojó.

-Tú no puedes matarme, Keyla.

Los ojos de Keyla recuperaron su azul habitual. Y ésta sonrió de esa forma tan angelical propia de ella.

- ¿Estás segura de eso? Mira- dice Keyla, cogiendo a Tessa por el brazo y obligándola a acercarse al lugar donde ella estaba antes sentada. Tessa ve un bulto inerte, y distingue a Kesh tirado en el suelo, con un enorme corte que va desde su oreja hasta el final de su hombro izquierdo- le he hecho esto porque él me subestima, me trata como a una inferior. Casi lo he matado por contradecirme, y eso que es mi hermano. Imagínate lo que te haría a ti, Tessa, por espiarme.

Tessa tragó saliva, con los ojos abiertos como platos, y se dejó caer al lado de Kesh, que respiraba con dificultad y tenía sus ojos cerrados.

-Bien, os dejo. Recuerda, Tessa. A mí, libertad total.

Entonces Keyla desapareció.

Keyla sale airada de la habitación, con una forma de caminar muy típica de ella, dando pequeños saltitos y con una seguridad infinita, agitando tras de sí su larga cabellera llena de tirabuzones rojizos.